Durante este año vamos a profundizar diferentes temas que van configurando y constituyéndose como parte de aquellos rasgos que modelan y descubren a nuestra identidad. Pensarlos, analizarlos, cuestionarlos, nos da la posibilidad, tal vez de, cambiar algunas creencias que hemos o vamos elaborando como verdades. Este es el desafío que promueve este espacio... invitarte a pensar... a mirar más allá de los límites que demarcan lo conocido y sabido, para poder reconocer tal vez, aquellas cosas genuinas y necesitadas de ser redescubiertas y resignificadas, por vos, por mí, por todos... en este espacio empujaremos si así lo crees, en esa dirección. Contamos con vos, tus ideas, y tus descubrimientos, que nos permitan orientarnos en este tiempo de despliegue y de crecimietno intenso...
Te dejo este cuento... que en su simplicidad aparente encuentres, tal vez, la figura de este desafío:
El Elefante y la Estaca
Dice así: Cuando yo era chico me encantaban los circos y lo que más me gustaba del circo eran los animales. También a mi como a otros después me entere, me llamaba la atención el elefante, Durante la función la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño, fuerza descomunal, pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo la estaca era solamente un minúsculo pedazo de madera apenas enterada unos centímetros en la tierra y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar la estaca y huir.
El misterio era evidente ¿que lo mantenía entonces? ¿Porque no huía?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta convincente. Hace algunos años descubrí por suerte para mi, que había sido lo bastante sabio para encontrar la respuesta.
El elefante del circo no se escapaba porque estaba atado a una parecida desde que era muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imagine al pequeño recién nacido sujeto a la estaca estoy seguro que el elefantito empujo, tiró y sudó. Tratando de soltarse, y a pesar de todo su esfuerzo no pudo, la estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar y también al otro y al que le siguió. Hasta que un día, terrible para su historia, el animal acepto su impotencia y se resigno a su destino. Este elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque cree que no puede. El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella importancia que sintió poco después de nacer, y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente este registro, y jamás intento probar su fuerza otra vez. Así es como todos somos un poco el elefante del circo, vamos por el mundo atados de estacas que nos restan libertad.
No creo que sean cientos de estacas pero creo que cada uno tiene las propias, que es importante volver a probar, que a veces uno cree que hay cosas que no se pueden hacer y de repente si se anima a probar de nuevo por ahí puede hacer y si se da cuenta que no puede o no quiere también esta en su derecho de no volver a probar. Pero una cuestión es no probas porque creo que no puedo y otra es porque en serio no puedo y revisar eso es parte de poder abrirse a las situaciones de aprendizaje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario